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miércoles, 14 de julio de 2010

EL PERDÓN Y LA GRACIA (y 2)


LA PRIORIDAD DE LAS PRIORIDADES

(Continuación) Pero el perdón no fue el único elemento que caracterizó el Jubileo del 2000. Juan Pablo II quiso ese Año Santo, sobre todo para volver a dar impulso a la evangelización del mundo.Y también aquí, de nuevo, el pontificado de Benedicto XVI no es otra cosa que la actualización sistemática de aquel proyecto.

No es un misterio cuál es la "prioridad" que el Papa Ratzinger se ha asignado como sucesor de Pedro. La ha confirmado él mismo con estas palabras, en la carta a los obispos de todo el mundo del 10 de marzo del 2009: "En nuestro tiempo, en el que en amplias zonas de la tierra la fe está en peligro de apagarse como una llama que no encuentra ya su alimento, la prioridad que está por encima de todas es hacer presente a Dios en este mundo y abrir a los hombres el acceso a Dios. No a un dios cualquiera, sino al Dios que habló en el Sinaí; al Dios cuyo rostro reconocemos en el amor llevado hasta el extremo, en Jesucristo crucificado y resucitado".

Benedicto XVI está tan convencido que conducir a los hombres a Dios es "la prioridad suprema y fundamental" de la Iglesia y del sucesor de Pedro, que no sólo ha hecho de ella el centro de su predicación, sino que tomado de ella la decisión de crear en la Curia romana un organismo expresamente destinado a la "nueva evangelización" de los países donde se siente más el moderno eclipse de Dios. Instituyó la nueva oficina el pasado 30 de junio y el mismo día llamó a Roma a ocuparse de la selección de los futuros obispos en todo el mundo, al cardenal canadiense Marc Ouellet, teólogo en gran sintonía con él, pero sobre todo directo conocedor de Quebec, una de las áreas de Occidente en la que la descristianización se ha dado en forma más dramática y repentina.

En el pasado otoño, regresando de un viaje a otra de las regiones más descristianizadas, Praga y Bohemia, Benedicto XVI maduró también otra idea: la de instituir un simbólico "patio de los gentiles", como el patio abierto a los paganos del antiguo templo de Jerusalén, para abrir el diálogo con los hombres más alejados de Dios. También este proyecto está tomando cuerpo. El Papa lo ha confiado a su ministro de la cultura, el arzobispo Gianfranco Ravasi. El "patio de los gentiles" será inaugurado en París en marzo del 2011 en tres sedes intencionalmente carentes de toda insignia religiosa: la Sorbona, la UNESCO y la Académie Française. Ya han manifestado su adhesión importantes personalidades agnósticas y no creyentes, comenzando por la psicoanalista y semióloga Julia Kristeva.

En cuanto a las jóvenes generaciones, la niña de los ojos de Juan Pablo II, para quienes instituyó las Jornadas Mundiales de la Juventud, de las cuales la más grande fue precisamente la del Jubileo, Benedicto XVI sabe bien que el futuro de la fe en Occidente se juega en buena medida en ellas. También en Italia, el país de Europa en el que la Iglesia sigue teniendo una presencia sólida y difusa, ya se entrevén las señales de la caída. Una investigación realizada para "El Reino" del profesor Paolo Segatti, de la Universidad de Milán, ha evidenciado un neto distanciamiento entre los nacidos en 1981: de la práctica religiosa, de la oración, de la fe en Dios, de la confianza en la Iglesia. Cuando estos jóvenes tengan hijos, la transmisión de la fe católica a las futuras generaciones sufrirá una drástica interrupción. El "patio de los gentiles" deberá hacerles un lugar también a ellos.

viernes, 9 de julio de 2010

EL PERDÓN Y LA GRACIA (1)


El Mundial se acaba y ojalá España, que ha trabajado duro durante años, obtenga el campeonato. Y que Uruguay, que también lo merece, vuelva a casa con el título del mejor tercero del mundo. Y punto y aparte en este blog, que no es de fútbol.

Si alguien tiene derecho a descansar un poco, ese es el Papa, que acaba de empezar sus vacaciones en Castelgandolfo. Este año 2009-2010, según se cuenta en el hemisferio Norte, ha sido para la Iglesia, con Benedicto XVI a la cabeza, un "annus horribilis". Pero, sorprendentemente, como escribe Sandro Magister en este artículo que daré en dos partes, es sobre todo un año de gracia.



La vía dolorosa de la Iglesia de hoy contrasta cruelmente con la gloriosa alegría del Jubileo del 2000, apogeo del pontificado de Juan Pablo II. Sin embargo, cuando se hurga un poco sobre qué fue de verdad ese año de gracia, se descubre que la Iglesia de Benedicto XVI simplemente convierte en realidad lo que aquel anunciaba.

El Jubileo fue el año del arrepentimiento y del perdón. De perdón dado y solicitado, por los muchos pecados de los hijos de la Iglesia en la historia. El primer domingo de Cuaresma de aquel año, era el 12 de marzo, el Papa Wojtyla ofició ante los ojos del mundo una liturgia penitencial sin precedentes. Siete veces, como los siete vicios capitales, confesó las culpas cometidas por los cristianos siglo tras siglo, y por todas ellas pidió perdón a Dios. Exterminio de los herejes, persecuciones a los judíos, guerras de religión, humillación de las mujeres…El rostro doliente del Papa, marcado por la enfermedad, era el icono de este acto de arrepentimiento. El mundo lo miró con respeto. Incluso con complacencia. A veces incrementando el reclamo: el Papa debería haber hecho mucho más.
Y, en efecto, en los medios de comunicación del mundo, era esta la música dominante. Hacía bien Juan Pablo II en humillarse por ciertas páginas negras de la historia cristiana, pero siempre había quien pretendía que debería golpearse más el pecho por otras cosas más. La lista no era nunca suficiente.

Repasando todas las veces en las que el Papa Wojtyla pidió perdón por algo, antes y después del Jubileo del 2000, se encuentra que lo hizo por las cruzadas, las dictaduras, los cismas, las herejías, las mujeres, los judíos, Galileo, las guerras de religiones, Lutero, Calvino, los indios, las injusticias, las inquisiciones, el integralismo, el Islam, la mafia, el racismo, Ruanda, la esclavitud. Y quizá falta algún tema.

Pero con seguridad jamás pidió públicamente perdón por los abusos sexuales a niños. Ni se recuerda que alguno le haya nunca saltado encima para reclamarle por este silencio, ni menos que se le haya exigido que sumara a la lista la pedofilia.

PERDÓN DE AYER, PERDÓN DE HOY

Eso ocurría hace diez años. Pero ese era el espíritu del tiempo, dentro y fuera de la Iglesia. Un espíritu poco atento al escándalo de las muy jóvenes víctimas de abusos, no obstante ya habían explotado en Austria el caso Groer, el arzobispo de Viena golpeado por acusaciones jamás verificadas; en los Estados Unidos el caso Bernardin, arzobispo de Chicago falsamente acusado que perdonó a su acusador, y por todas partes el caso Maciel, el fundador de los Legionarios de Cristo, de quien se confirmó después la culpabilidad.

Pero en Roma había un cardenal que veía lejos hacia delante, de nombre Joseph Ratzinger. Más que a los pecados de los cristianos del pasado, sobre los cuales el juicio histórico es siempre problemático, él miraba a los pecados del presente. Y entre estos veía algunos que, más que otros, ensuciaban el rostro de la Iglesia "santa", más todavía en cuanto cometidos por clérigos.

En el 2001, como Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la fe, hizo más exigentes los procedimientos con los cuales afrontar los casos de pedofilia en el clero. Cuando en el 2002 en los Estados Unidos explotó el escándalo en proporciones clamorosas, mantuvo la línea de rigor.

El viernes santo del 2005, al escribir el texto del último Vía Crucis del pontificado de Juan Pablo II, denunció la "suciedad" en la Iglesia con los acentos de una lamentación profética.

Pocas semanas después fue elegido Papa y cinco años después, al cumplirse los 10 años del Jubileo del 2000, el escándalo de la pedofilia embistió a la Iglesia y a él con una severidad sin precedentes.

Pues bien, bajo la oleada avasallante de las acusaciones, Benedicto XVI ha hecho por las culpas de los cristianos de hoy, lo que el Jubileo del 2000 hizo por las culpas de los cristianos del pasado.

Ha predicado que la tribulación más grande de la Iglesia no nace de fuera, sino de los pecados cometidos dentro de ella. Ha puesto a la Iglesia en estado penitencial, ha pedido a todos los cristianos la purificación de la "memoria", ciertamente, pero más aún sus vidas presentes.

A los católicos de Irlanda, más que a los otros contagiados por el escándalo, les ha ordenado hacer limpieza de todo, que se confiesen frecuentemente, que hagan penitencia todos los viernes por un año entero, y a sus obispos y sacerdotes que se sometan a especiales ejercicios espirituales. A los sacerdotes, sobre todo, ha dedicado un cuidado muy particular. Aún antes de que las polémicas llegaran a su cima, Benedicto XVI lanzó el Año Sacerdotal para reavivar en los clérigos el amor por la misión a la que son convocados y la fidelidad a sus compromisos, incluida la castidad.

Como modelo de vida les ha presentado el ejemplo del santo Cura de Ars, un humilde sacerdote rural en la Francia anticlerical del siglo XIX, que pasaba días enteros en el confesionario, para acoger a los pecadores y perdonar. (Continuará)

sábado, 23 de enero de 2010

EL CIELO SE DIVIERTE



El cielo se divierte. Cuento lo que he leído en varios sitios italianos y que cada uno saque sus conclusiones.
Estamos en el año 2005, a pocos meses de fallecer Juan Pablo II. A una joven señora de 31 años, maestra, madre de dos hijos y esperando el tercero, perteneciente a la diócesis de Sorrento-Castellammare di Stabia, se le diagnostica un linfoma de Burkitt, un tumor maligno del tejido linfático, muy agresivo, que convierte el embarazo en un drama. El esposo de la señora comienza entonces a rezar con mucha fe a Juan Pablo II, pidiéndole que interceda por su familia.
Una noche, en un sueño ve al Papa. “Tenía el rostro serio. Me dijo: “Yo no puedo hacer nada; tienen que pedirle a este otro sacerdote…”. Me mostró entonces la imagen de un sacerdote delgado, alto. Yo no lo reconocí, no sabía quién podría ser”.
El hombre se quedó turbado por el sueño, pero no pudo identificar al sacerdote que le había señalado el papa Wojtyla. Pocos días después, abriendo casualmente una revista, encuentra una fotografía del joven Eugenio Paccelli que le llama la atención. ¡Él es el sacerdote que había visto en el sueño! Enseguida se forma una cadena de oraciones que pide la intercesión de Pío XII… y la señora se cura.
El resultado es tan importante que los médicos manejan la hipótesis de un posible error inicial de diagnóstico, pero los exámenes y la historia clínica confirman que no se habían equivocado, el diagnóstico era exacto. El caso es que el tumor desapareció, la señora está bien, tuvo su tercer hijo y ha vuelto a trabajar a la escuela. Después de un tiempo, fue ella la que se dirigió al Vaticano para hacer saber su caso, que ha sido tomado como un presunto milagro atribuido a la intercesión de Pío XII. De confirmarlo la Congregación para las Causas de los Santos, después de realizar los rigurosos exámenes habituales, la beatificación de Pío XII podría llevarse a cabo en poco tiempo.
Misteriosamente, como se ve, en el caso está involucrado Juan Pablo II, cuyo decreto sobre la heroicidad de las virtudes fue promulgado el mismo día que el del Papa Paccelli. El Vicario General de la diócesis de Sorrento-Castellammare di Stabia, monseñor Carmine Giudici, ha declarado: “Es verdad. La Santa Sede nos ha comunicado que fue contactada por un fiel de nuestra diócesis, que sostiene haber recibido un milagro por intercesión de Pío XII. El arzobispo Felipe Cece ha decidido instituir un tribunal diocesano para estudiarlo”.
Hasta aquí los hechos. En mi opinión, por varios detalles, lo sucedido es auténtico. 1) La “cara seria” de Juan Pablo II. ¿Será una falta de respeto decir que sigue siendo un gran actor? No creo. ¿Cómo no recordar tantas y tantas expresiones de su rostro, cuando fingiendo severidad pasaba en un instante a una desarmante sonrisa? 2) Decirle al marido agobiado “yo no puedo hacer nada”… se me antoja una irónica y divertida invitación a que recen con mucha fe, ¿o no? 3) No dijo “deben pedirle al Papa Pío XII”, sino a “otro sacerdote”: y es que el papado pasa, lo que permanece para siempre es el carácter sacerdotal. 4) Mostrar la imagen del sacerdote cuando era joven: ¡bravo! Se confirma que en la otra vida tendremos una juventud permanente, la “edad perfecta”, dice Santo Tomás. 5) Es un magnífico detalle de caridad (es el clima propio del Cielo) pedir que encaucen las oraciones hacia el Papa Paccelli, que las necesitaría más.
Se agradecen opiniones.

jueves, 3 de diciembre de 2009

A PASO DE HOMBRE

Si alguno quiere regalarme un libro en esta Navidad, aquí señalo uno: "A PASSO D'UOMO". Supongo que enseguida aparecerá la traducción en español, pero prefiero ésta, la primera. Lo ha editado Mondadori, en Italia, y fue presentado en Roma hace pocos días. Reproduzco la información de la agencia Efe, que despertó mi apetito.

El comunismo cayó gracias al papa Juan Pablo II, según afirma el que fuera su portavoz, el español Joaquín Navarro Valls, en su último libro "A passo d'uomo", presentado en Roma.
"El comunismo no cayó porque EEUU hubiese ganado la guerra fría o debido a que su escudo antimisiles destruyese las esperanzas bélicas de la gran Rusia, sino porque un hombre religioso, un Papa, un hombre del Este, había unido las conciencias de Oriente y las de Occidente en el altar universal de los derechos humanos", escribe Navarro Valls (1936, Cartagena, Murcia, España) en el libro.
En el volumen, Navarro Valls resalta la grandeza del Papa Wojtyla junto a importantes personajes que han marcado la historia del pasado siglo, como el ex presidente de la URSS Mijail Gorbachov, el líder cubano Fidel Castro y el fallecido presidente de EEUU Ronald Reagan.
También habla de Sor Lucia y el Tercer Misterio de Fátima, de san Josemaría Escrivá de Balaguer, de la sonrisa de la Madre Teresa de Calcuta y del estilo de Joseph Ratzinger, el actual papa Benedicto XVI.
De Juan Pablo II -del que fue portavoz desde 1984 hasta que falleció en 2005 (después continuó con Benedicto XVI hasta 2006)- resalta en el libro su gran capacidad diplomática y su negativa a aceptar en aquellos años del comunismo el reparto del mundo en dos zonas territoriales.
"Según él, era incompatible con el valor de las peculiaridades nacionales y con los derechos humanos", dice el autor en su libro de 250 páginas editado por Mondadori.

Navarro destacó hoy que uno de los encuentros que más gustó al Papa Wojtyla fue el que mantuvo en el Vaticano con Mijail Gorbachov el 1 de diciembre de 1989.
Recordó que, aprovechando la visita del por entonces secretario de estado Agostino Casaroli y de él en 1988 a Moscú con motivo del Millennium cristiano de Rusia, Juan Pablo II le mandó una carta personal a Gorbachov y que éste la leyó delante del cardenal y de él mismo y que quedó impresionado del Papa polaco.
Gorbachov les contó -según relata- que había sido bautizado y que en su casa había una imagen de la Virgen, "con una foto de Lenin, naturalmente, encima".
Tras la visita al Vaticano, Navarro le preguntó al Papa por Gorbachov y éste le dijo que era "un hombre de principios", "una persona que cree tanto en sus valores que está dispuesto a aceptar todas las consecuencias que se deriven".
"Pienso que sus ideas no son comunistas. Pero es un misterio de donde las ha sacado", le dijo Juan Pablo II a Navarro, según cuenta.
De la figura de Ronald Reagan dice que junto a Juan Pablo II contribuyó "paralelamente" a sacar al comunismo de la historia.
Asegura que el fin que movió a Juan Pablo II a luchar contra el comunismo "no fue América o el anticomunismo, ni cualquier forma de sociedad neocapitalista, sino la dignidad absoluta y trascendente del ser humano".
De Fidel Castro recuerda una cena larguisima que mantuvo con él en La Habana en octubre de 1997, tres meses antes del histórico viaje de Juan Pablo II a la isla a principios de 1998.
Cuenta que le ofreció una copa de vino y al decirle que prefería no beber le dijo: "me ha destruido, ya que la botella que he abierto es la única de vino de Vega Sicilia que tengo y usted lo rechaza".
Navarro bebió del vino de la Ribera del Duero española y en un ambiente relajado Fidel Castro le preguntó: "¿como hacen para evitar que el Papa sea envenenado?.
Navarro Valls le dijo que "nada y Castro le contó que cuando tenía invitados el primero que bebía el vino era él. "Con audacia le dije, ¿no sería más prudente, presidente, que hiciera lo contrario".
De Castro cuenta que no entiende su decisión de no aceptar los cambios hacia reformas democráticas. Le dio la impresión de que el líder cubano no miraba al futuro.
Además de esos encuentros, Navarro Valls incluye en el libro artículos sobre el hombre y la modernidad, la globalización, la laicidad, la inmigración, el capitalismo, etc.
La presentación del libro se ha producido un día después de que los cardenales y obispos de la Congregación para la Causa de los Santos hayan aprobado las "virtudes heroicas del Siervo de Dios" Juan Pablo II, primer paso hacia su beatificación, que puede ser el domingo 17 de octubre de 2010.