
Tú sabes cuándo me siento y me levanto.
Penetras desde lejos mis pensamientos…
¿Adónde alejarme de tu espíritu?
¿Adónde huir de tu presencia?
Si subo al cielo, allí estás Tú;
si bajo hasta el seol, allí te encuentras.
Si monto en las alas de la auroa
y habito en los confines del mar,
también allí me guiará tu mano,
me sujetará tu diestra…
Si digo: “que al menos me cubran las tinieblas
y la luz se haga noche en tono a mí!”.
Tampoco las tinieblas son para ti oscuras,
pues la noche brilla como el día;
las tinieblas, como la luz.
Tú has formado mis entrañas,
me has plasmado en el vientre de mi madre.
Te doy gracias porque me has hecho como un prodigio:
tus obras son maravillosas, bien lo sabe mi alma.
No se te ocultaban mis huesos
cuando en secreto iba yo siendo hecho,
cuando era formado en lo profundo de la tierra.
¡Qué profundos son para mí,
tus pensamientos, Dios mío, qué grande su número!”


