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domingo, 1 de agosto de 2010

MUJERES INVISIBLES

Creo que es importante tener bien claras algunas ideas que, entre tanta bulla informativa, corren peligro de que se las lleve la corriente. Me refiero, en concreto, a dos.

La primera, que el matrimonio es y será siempre la alianza que contraen un hombre y una mujer, con el fin de llevar a cabo el divino plan de formar una familia. Esto lo dice la misma palabra matrimonio que, como quizás se sabe poco, está compuesta de dos vocablos latinos: mater-matris, que quiere decir “de la madre” y munia-munium, que significa oficios, funciones, deberes. Total, que si el matrimonio designa a lo que es propio de la maternidad, déjese de aplicar el término para referirse a las uniones homosexuales porque es un grosero error, una penosa contradictio in terminis, para decirlo con elegancia.

Segunda idea clara: el futuro está en las manos de las mujeres. Lo único que necesitan es perderle el miedo a ser, como en este video cortito, mujeres invisibles.

domingo, 18 de julio de 2010

NO LLORES POR TI, ARGENTINA


Estuve haciendo un cálculo y su resultado me sorprendió. Multipliqué los días que, a lo largo de mis casi 37 años de sacerdocio, he estado en la Argentina (así dicen ellos) y, día más día menos, caí en la cuenta de que he vivido en ella un montón de tiempo: casi tres años. Lo cual significa que conozco a los argentinos y a las argentinas, como se dice ahora, y puedo afirmar claramente esto: la ley que acaba de aprobar el gobierno, por la que se equiparan las uniones homosexuales con el matrimonio (el único, el que el diccionario de la RAE define como “unión de hombre y mujer” y no me vengan con historias) es, además de un disparate antropológico, social y legal, por lo menos, una gravísima ofensa a la mujer argentina.

En estos años de los que hablaba, he estado en Buenos Aires, en La Pampa, en Entre Ríos, en Córdoba, en la Patagonia, en Mendoza, en Santa Fe y probablemente en otros lugares que ahora no recuerdo. En todas partes, viniendo como vengo de esta orilla oriental del Uruguay, donde la familia cruje desde que en 1907 fue aprobada la ley del divorcio -¡qué triste orgullo: fuimos el primer país de América en legalizarlo!- cuando voy a la Argentina me invade una deliciosa alegría. Es que un sábado o un domingo de tarde, es normal encontrar por las calles de cualquier ciudad familias de cuatro, o cinco y más hijos, disfrutando con sus padres de un paseo en auto o caminando.

He hablado con muchas mamás, en esas ciudades y también en el verano, en Punta del Este, cuando llegan, dicen, a descansar unos días. Le llaman descanso al cambio de escenario habitual, porque sus hijos siguen reclamando TODO de sus madres y, además, les parece buenísimo plan invitar a algunos amigos y amigas a pasar con ellos unos días… Y las madres tienen que decir que sí.

Las madres argentinas no digo que merecen un monumento, porque me parecería un pobre homenaje: deberíamos besar donde pisan. Porque, ¿cómo corresponder a las incontables mamás que, teniendo ya 5 o 6 hijos, te hablan con una enorme ilusión -¡lo he oído mil veces!- del que están esperando o el que están deseando aún que llegue? ¿Cómo agradecerles ese desvivirse, literalmente, para atender su casa, su esposo, sus hijos? ¿Cómo darles las gracias por ese permanente olvido de sí mismas, y por su buen humor y por su optimismo y por su contagiosa alegría? Porque así son las madres argentinas. Si todavía quedan hombres y mujeres que piensan como deben, es porque han tenido una madre -¡ché, vieja!- que se los ha enseñado.

Por eso me parece una flagrante injusticia, de las que claman al cielo, que a partir de ahora el código civil argentino no hable del matrimonio como institución que forman un hombre y una mujer, sino que se refiera a “los contrayentes”. ¿Tan ciegos están los gobernantes, que no caen en la cuenta de que “Mujer” debería escribirse siempre con mayúscula? ¿No ven que son las madres de su país las que merecen el mayor de los respetos, la más grande consideración, el más profundo de los agradecimientos?

El tema da para mucho más, también por lo que el precedente argentino influirá en nuestro país. (Ahora mismo, los legisladores tienen entre manos la aprobación del divorcio, también por la sola voluntad del hombre, faltaría más, puesto que por la sola voluntad de la mujer está vigente desde 1913). En todo caso, nadie dude de que, en ambas orillas del Plata, serán las Mujeres quienes, a pesar de todo, sabrán conservar un tenaz sentido del futuro.
(Foto de familia, que muestro con orgullo: de izda. a derecha, mis primos Lucía, Joselo, Magdalena, Luis Felipe, Inés, Cecilia y Bernardo Fuentes Pareja, hijos de José Luis Fuentes Pareja y Graziella Pareja Guani, orientales de ley).

lunes, 18 de mayo de 2009

QUO VADIS, HISPANIA

El gobierno español acaba de permitir que la "píldora del día después" se venda sin receta también a menores, en todas las farmacias del país. A su vez, se prepara para aprobar una ley que permitirá el aborto libre hasta las 14 semanas de gestación, y hasta la semana 22 si existe riesgo para la vida o la salud de la embarazada o el feto sufre graves anomalías. El Anteproyecto también señala que "la interrupción voluntaria del embarazo se garantizará dentro de la cartera de servicios del Sistema Nacional de Salud, para que sea una prestación pública y gratuita".
Una lectora me envía esta carta, publicada en el Diario de Sevilla. Mariló Montero, su autora, es periodista, esposa de un periodista y madre de una adolescente.

Me gustaría saber la identidad de los nueve expertos en los que la ministra Bibiana Aído se escuda para defender que una niña de dieciséis años puede abortar sin consultar con sus padres. Me gustaría saber de qué son expertos y si son padres y madres. Me gustaría saber en qué se fundamentan para decir que dejar tan dramática decisión en manos de una adolescente aterrada es lo mejor para ella. Me gustaría saber si se han parado a pensar que esa criatura, tras mantener una relación sexual precipitada, va a empezar a sufrir lo que la literatura científica ya ha diagnosticado ante un aborto. El síndrome de aborto reúne quince síntomas psicológicos que van desde la angustia al sentimiento de culpabilidad, la ansiedad, los terrores nocturnos, la depresión, los trastornos de alimentación o de la vida sexual. Síntomas que pueden llegar a aparecer, dicen los psicólogos de la Asociación de Víctimas del Aborto, incluso años después de haber abortado. Me gustaría saber con qué valor lanza la joven ministra Aído, con una sonrisa, como quien anuncia un anticonceptivo novedoso, que una niña de dieciséis años está tan capacitada para abortar como para casarse. Una niña de dieciséis años no está capacitada para abortar ni para casarse, por mucho que se esté normalizando lo que son parches en la vida. Una cosa es que lo haga y otra bien distinta la sacudida que la vida le da a una adolescente casada, quien sale adelante gracias a los apoyos de la familia. Me gustaría saber quién le va a informar a una adolescente de dieciséis años de que si se queda preñada puede abortar sin decírselo a los padres y también en quién se va a apoyar ante semejante circunstancia. ¿En la mamá-administración, o en su mejor amiga, con la que intercambia los vaqueros e inventa en su habitación coreografías de Beyoncé? Me gustaría saber si esos expertos conocen lo que es ser padres y las complicaciones a las que nos enfrentamos para conquistar la confianza de nuestros hijos en la difícil adolescencia. Me gustaría saber el protocolo de actuación que se llevará a cabo cuando una niña de dieciséis años acuda al centro para abortar y cómo será tratada. Me gustaría saber qué pretenden con esta propuesta de ley, que autoriza a que se rompa la confianza entre hijos y padres. Y me gustaría saber qué se pretende de los padres el día que nuestra hija decidiera abortar en soledad. ¿La recibimos con un aplauso? ¿Le damos sopa caliente? ¿Le preguntamos si llegó a ponerle nombre? ¿O quién habría sido el padre? ¿Debemos obviar el tema, o celebrarlo con una barbacoa? ¿Trae esas instrucciones la nueva reforma de la ley del aborto? Una cuestión más: ¿meterán en la cárcel a una madre que le discuta esa decisión a su hija adolescente? O es la ley del "no se lo digas a mamá porque no la necesitas". Señorita Aído, me gustaría saber si mi hija ha abortado sola. Porque soy su madre.

sábado, 9 de mayo de 2009

DÍA DE LA MADRE

Me preguntaba a mí mismo si se podría escribir algo original sobre la madre, algo que no se hubiera dicho antes…. Y me contesté: la pretensión de un “estreno”, de un dicho nuevo sobre la madre, es tan ridícula como esperar un amanecer "diferente" o una puesta de sol “distinta”: si un día cambiaran, el mundo habría terminado. Como terminaría si un día la mujer-madre pretendiera conjugar verbos distintos de estos: sonreír, atender, perdonar, olvidar, olvidarse de sí, salir al encuentro, esperar, acariciar, consolar, no dormir, sufrir, sacrificarse, decir que sí, rezar, rezar, rezar, trabajar, trabajar, trabajar…
El año pasado, en el Día de la Madre, publiqué algo en otro blog, que sigue teniendo completa validez, como no podría ser de otra manera. Si quieren verlo, pinchen aquí. A la Madre que tenemos en el cielo le pido que bendiga a todas las mamás. Y a las que aspiran a serlo, para que se preparen.