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lunes, 13 de septiembre de 2010

VIAJE HISTÓRICO DE BENEDICTO XVI


El próximo jueves Benedicto XVI viaja al Reino Unido. Desde Roma llegará a Edimburgo, en cuyo aeropuerto será recibido por el Príncipe Felipe. De este modo, la Casa Real, que tiene por norma no recibir a ninguna autoridad, expresará su más alta consideración hacia el Pontífice.
El motivo central de la visita es la beatificación de un hombre extraordinario, por quien el Papa siente predilección: John Henry Newman (Londres, 1801-Birmingham 1890), sacerdote anglicano primero, profesor y capellán de la Universidad de Oxford, experto conocedor de los primeros siglos de la historia de la Iglesia, escritor profundo y original y, sobre todo, poseedor de una rectitud de conciencia que le llevó, después de un periplo de no pocos años de estudio, de luchas internas y externas y de intensa oración, a dar el gran paso e ingresar en la Iglesia Católica, aun sabiendo perfectamente que, de ahí en más, pasaría al olvido en el mundo intelectual inglés.

El 9 de octubre de 1845, Newman es recibido en la Iglesia y un año más tarde, en Roma, fue ordenado sacerdote. Vuelve a Inglaterra y comienza su nueva vida. Además de una intensa labor pastoral, deberá encargarse, por petición de la jerarquía, de fundar la Universidad Católica de Dublín. Sigue predicando y escribiendo. Cuando es acusado de haberse convertido fraudulentamente, redacta por entregas la Apologia de vita sua. Historia de mis ideas religiosas, que le rehabilita ante el público. Siempre actuará, según lo explicó una vez el cardenal Ratzinger, según “su conciencia, que lo condujo desde los antiguos vínculos y las antiguas certezas, al mundo para él difícil e inusual del catolicismo. Pero precisamente esta vía de la conciencia es algo distinto a una vía de la subjetividad que se afirma a sí misma: es, en cambio, una vía de la obediencia a la verdad objetiva”.
Casi al final de su vida, la Universidad de Oxford reconoció a Newman y en diciembre de 1877 el Trinity College lo nombró su primer miembro honorario. En 1889, a los 89 años de edad, el Papa León XIII lo nombró Cardenal de la Iglesia Católica.

Benedicto XVI lo beatificará durante la Misa del domingo 19, en Birmingham. Los días anteriores estará en Glasgow y Londres, donde tendrá diversas celebraciones y encuentros de carácter ecuménico que le llevarán a pronunciar, en total, 14 discursos. Este domingo, al terminar el rezo del Ángelus, el Papa pidió expresamente oraciones por su viaje a Inglaterra, que tiene una importancia fuera de lo común.

Antes de su conversión, Newman fue el gran impulsor del Movimiento de Oxford, que se había propuesto revitalizar la Iglesia anglicana. Actualmente, esa misma Iglesia se encuentra en profunda crisis: la ordenación de mujeres sacerdotes y obispos, y de homosexuales, y el subjetivismo moral dominante, ha llevado a que muchos miles de sus miembros miren con esperanza a la Iglesia Católica. Es lo que reflejaba Benedicto XVI en la introducción de la Constitución Apostólica Anglicanorum coetibus, del 4 de noviembre de 2009, por la cual les ha facilitado la plena comunión con ella: “En estos últimos tiempos el Espíritu Santo ha impulsado a grupos de anglicanos a pedir en varias ocasiones e insistentemente ser recibidos, también corporativamente, en la plena comunión católica y esta Sede apostólica ha acogido benévolamente su solicitud. El Sucesor de Pedro, que tiene el mandato del Señor Jesús de garantizar la unidad del episcopado y de presidir y tutelar la comunión universal de todas las Iglesias, no puede dejar de predisponer los medios para que este santo deseo pueda realizarse”.


Es indudable que la visita de Benedicto XVI a Inglaterra animará aún más ese deseo. Habrá que poner mucha atención a lo que el Papa dirá durante este viaje, que es rigurosamente histórico.

miércoles, 8 de septiembre de 2010

RUMORES CARDENALICIOS

En Italia existen los llamados "vaticanistas", periodistas especializados en informar sobre lo que ocurre en la Santa Sede. Algunos de ellos (Tornielli, Magister, Accatoli, Tossatti), suelen ofrecer informaciones documentadas, serias. Como es lógico, en ocasiones se equivocan, pero otras muchas aciertan.

En LA STAMPA del pasado día 4, Marco Tosatti da como seguro que en el mes de octubre próximo el Papa nombrará nuevos Cardenales y, entre ellos, al arzobispo de Montevideo, Nicolás Cotugno. Dice la información:

Antes de que termine el Sínodo sobre Oriente Medio, que tendrá lugar del 10 al 24 de octubre, Benedicto XVI anunciará un Consistorio para la creación de nuevos cardenales. El anuncio podría darse durante la Audiencia general del miércoles 20 de octubre, y el Consistorio, como es praxis, tendría lugar un mes más tarde. Desde el primero de enero de 2011 el número de cardenales electores descenderá a 101 (sobre 120 disponibles). El Papa Ratzinger, pues, tendrá a su disposición al menos 19 birretas. (…) Recibirán la birreta algunos jefes de dicasterios...


El periodista enumera a partir de aquí la lista de los que serían nombrados, tanto de la Curia Romana como de los distintos continentes. Y agrega:

De Sudamérica son seguros (sono certi): Nicolás Cotugno Fanizzi (Montevideo) y Orani Joao Tempesta (Rio de Janeiro).

Si la información es fidedigna, la Iglesia en Uruguay estará de parabienes, puesto que hasta ahora sólo fue cardenal Mons. Antonio Ma. Barbieri (1940-1976) Si la información es incorrecta, peccato!, como dicen en Italia.

sábado, 28 de agosto de 2010

LA IGLESIA NO ES UNA "COVER-GIRL"

Fabrice Hadjadj, un apellido nada fácil de pronunciar. Su portador suele decir que es « un judío de nombre árabe y de confesión católica ». Nació en 1971 en Nanterre. Sus padres fueron militantes revolucionarios maoístas en mayo del 68, y Fabrice, ateo y anarquista durante su adolescencia, siguiendo los pasos de Paul Claudel, de André Frossard y de tantos más, en 1998 se convirtió bruscamente al catolicismo.

Nuestro autor está casado y tiene cinco hijos. Es profesor de Filosofía y de Literatura, y enseña en liceos, en la Facultad de Filosofía comparada de París y en el seminario de Toulon. Este año, Fabrice Hadjadj publicó el libro LA FE DE LOS DEMONIOS, por el que recibió en Francia el premio 2010 de literatura religiosa. En la introducción escribe :

"Muchos cristianos piensan que sus enemigos más peligrosos están entre los libertinos y los lujuriosos, sin embargo, los demonios son ángeles e ignoran los placeres de la carne. Otros los buscarían entre los ateos o los agnósticos, pero los demonios creen, nos recuerda Santiago, y tiemblan. No hay un solo artículo de fe que no tengan por cierto. Quizás lo demoníaco no sea algo tan exterior como imaginamos. Este libro no es un tratado de demonología, sino una reflexión sobre la lógica del mal, un pequeño breviario de combate (y de vulnerabilidad), una lección de catecismo para, como dice San Pablo, aprender a “ejercer el pugilato, sin dar golpes en el vacío” (1 Co, 9, 26).

El libro está agotado en su edición en español, pero pronto lo repondrán. Aquí reproduzco la reciente entrevista que concedió Hadjadj al diario Le Figaro, en la que da respuestas poco convencionales sobre la crisis en la Iglesia.

- La Iglesia católica acaba de atravesar una crisis sin precedentes. ¿Cómo calificar el estado de ánimo de los católicos?
- Antes que nada, esta no es una crisis sin precedentes. Hubo otras, probablemente peores: la crisis arriana del sigo IV, el gran Cisma de Occidente, del sigo XIV, las costumbres escandalosas de algunos Papas como Alejandro VI Borgia, asesino, concubino y simoníaco, por tomar algunos ejemplos destacados. Estamos obligados a reconocer que la Iglesia no ha parado de atravesar crisis; en cierto modo está en su naturaleza. Miremos este hecho sin prejuicios y el fenómeno resulta casi increíble: mientras que todas las otras instituciones han sido sacudidas por las tempestades de la historia, he aquí que, después de dos mil años, « la barca de Pedro » sigue su ruta, con una sucesión apostólica ininterrumpida y una enseñanza que, en lo esencial, se ha desarrollado sin contradecirse. Esta longevidad excepcional supone una aptitud excepcional para recibir golpes.

- La imagen de la Iglesia se ha visto fuertemente afectada. ¿Cómo estimar la gravedad de este hecho?
- La Iglesia no es una “cover-girl”, una « modelo de tapa ». No vive de su imagen en los medios. Si esa fuera su intención, no buscaría hablar al fondo de los corazones, sino siguiendo la corriente. Pero es verdad que los crímenes cometidos por un sacerdote son infinitamente más graves que si los comete un profesor de Deportes, por ejemplo. Y esto es lo que puede legitimar la embestida mediática que se ha dado. Pero hay una paradoja, y es que si se ataca especialmente a la gente de Iglesia cuando se pervierte, es porque se tiene el instinto de la pureza especial de su misión.
Desde este punto de vista, la imagen de la Iglesia está más relacionada de lo que se cree con la santidad de la Iglesia, porque es entonces cuando el escándalo adquiere una gravedad sin comparación. Y Benedicto XVI, que sabe bien en qué consiste el misterio del sacerdote, encuentra esos crímenes mucho más terribles de lo que los medios no cristianos pueden concebir. Por esta razón ha querido que se aclaren del todo.

- De estos seis meses de turbulencias, ¿qué balance hace usted como intelectual que es?
- Es el mismo balance que podemos sacar después de 30 siglos de turbulencias, y más aún, si creemos que la bella armonía del mundo fue quebrantada desde su origen: no terminamos nunca con las crisis. Y, de alguna manera, eso no está mal. Usted sabe que la palabra « crisis » viene del verbo griego « krinein », que significa pasar por la criba o discernir. La situación de crisis nos impide dormirnos en los laureles. Nos empuja a plantearnos la cuestión del sentido, a escudriñar en nosotros mismos y a buscar un bien más vasto y más profundo.

miércoles, 14 de julio de 2010

EL PERDÓN Y LA GRACIA (y 2)


LA PRIORIDAD DE LAS PRIORIDADES

(Continuación) Pero el perdón no fue el único elemento que caracterizó el Jubileo del 2000. Juan Pablo II quiso ese Año Santo, sobre todo para volver a dar impulso a la evangelización del mundo.Y también aquí, de nuevo, el pontificado de Benedicto XVI no es otra cosa que la actualización sistemática de aquel proyecto.

No es un misterio cuál es la "prioridad" que el Papa Ratzinger se ha asignado como sucesor de Pedro. La ha confirmado él mismo con estas palabras, en la carta a los obispos de todo el mundo del 10 de marzo del 2009: "En nuestro tiempo, en el que en amplias zonas de la tierra la fe está en peligro de apagarse como una llama que no encuentra ya su alimento, la prioridad que está por encima de todas es hacer presente a Dios en este mundo y abrir a los hombres el acceso a Dios. No a un dios cualquiera, sino al Dios que habló en el Sinaí; al Dios cuyo rostro reconocemos en el amor llevado hasta el extremo, en Jesucristo crucificado y resucitado".

Benedicto XVI está tan convencido que conducir a los hombres a Dios es "la prioridad suprema y fundamental" de la Iglesia y del sucesor de Pedro, que no sólo ha hecho de ella el centro de su predicación, sino que tomado de ella la decisión de crear en la Curia romana un organismo expresamente destinado a la "nueva evangelización" de los países donde se siente más el moderno eclipse de Dios. Instituyó la nueva oficina el pasado 30 de junio y el mismo día llamó a Roma a ocuparse de la selección de los futuros obispos en todo el mundo, al cardenal canadiense Marc Ouellet, teólogo en gran sintonía con él, pero sobre todo directo conocedor de Quebec, una de las áreas de Occidente en la que la descristianización se ha dado en forma más dramática y repentina.

En el pasado otoño, regresando de un viaje a otra de las regiones más descristianizadas, Praga y Bohemia, Benedicto XVI maduró también otra idea: la de instituir un simbólico "patio de los gentiles", como el patio abierto a los paganos del antiguo templo de Jerusalén, para abrir el diálogo con los hombres más alejados de Dios. También este proyecto está tomando cuerpo. El Papa lo ha confiado a su ministro de la cultura, el arzobispo Gianfranco Ravasi. El "patio de los gentiles" será inaugurado en París en marzo del 2011 en tres sedes intencionalmente carentes de toda insignia religiosa: la Sorbona, la UNESCO y la Académie Française. Ya han manifestado su adhesión importantes personalidades agnósticas y no creyentes, comenzando por la psicoanalista y semióloga Julia Kristeva.

En cuanto a las jóvenes generaciones, la niña de los ojos de Juan Pablo II, para quienes instituyó las Jornadas Mundiales de la Juventud, de las cuales la más grande fue precisamente la del Jubileo, Benedicto XVI sabe bien que el futuro de la fe en Occidente se juega en buena medida en ellas. También en Italia, el país de Europa en el que la Iglesia sigue teniendo una presencia sólida y difusa, ya se entrevén las señales de la caída. Una investigación realizada para "El Reino" del profesor Paolo Segatti, de la Universidad de Milán, ha evidenciado un neto distanciamiento entre los nacidos en 1981: de la práctica religiosa, de la oración, de la fe en Dios, de la confianza en la Iglesia. Cuando estos jóvenes tengan hijos, la transmisión de la fe católica a las futuras generaciones sufrirá una drástica interrupción. El "patio de los gentiles" deberá hacerles un lugar también a ellos.

viernes, 9 de julio de 2010

EL PERDÓN Y LA GRACIA (1)


El Mundial se acaba y ojalá España, que ha trabajado duro durante años, obtenga el campeonato. Y que Uruguay, que también lo merece, vuelva a casa con el título del mejor tercero del mundo. Y punto y aparte en este blog, que no es de fútbol.

Si alguien tiene derecho a descansar un poco, ese es el Papa, que acaba de empezar sus vacaciones en Castelgandolfo. Este año 2009-2010, según se cuenta en el hemisferio Norte, ha sido para la Iglesia, con Benedicto XVI a la cabeza, un "annus horribilis". Pero, sorprendentemente, como escribe Sandro Magister en este artículo que daré en dos partes, es sobre todo un año de gracia.



La vía dolorosa de la Iglesia de hoy contrasta cruelmente con la gloriosa alegría del Jubileo del 2000, apogeo del pontificado de Juan Pablo II. Sin embargo, cuando se hurga un poco sobre qué fue de verdad ese año de gracia, se descubre que la Iglesia de Benedicto XVI simplemente convierte en realidad lo que aquel anunciaba.

El Jubileo fue el año del arrepentimiento y del perdón. De perdón dado y solicitado, por los muchos pecados de los hijos de la Iglesia en la historia. El primer domingo de Cuaresma de aquel año, era el 12 de marzo, el Papa Wojtyla ofició ante los ojos del mundo una liturgia penitencial sin precedentes. Siete veces, como los siete vicios capitales, confesó las culpas cometidas por los cristianos siglo tras siglo, y por todas ellas pidió perdón a Dios. Exterminio de los herejes, persecuciones a los judíos, guerras de religión, humillación de las mujeres…El rostro doliente del Papa, marcado por la enfermedad, era el icono de este acto de arrepentimiento. El mundo lo miró con respeto. Incluso con complacencia. A veces incrementando el reclamo: el Papa debería haber hecho mucho más.
Y, en efecto, en los medios de comunicación del mundo, era esta la música dominante. Hacía bien Juan Pablo II en humillarse por ciertas páginas negras de la historia cristiana, pero siempre había quien pretendía que debería golpearse más el pecho por otras cosas más. La lista no era nunca suficiente.

Repasando todas las veces en las que el Papa Wojtyla pidió perdón por algo, antes y después del Jubileo del 2000, se encuentra que lo hizo por las cruzadas, las dictaduras, los cismas, las herejías, las mujeres, los judíos, Galileo, las guerras de religiones, Lutero, Calvino, los indios, las injusticias, las inquisiciones, el integralismo, el Islam, la mafia, el racismo, Ruanda, la esclavitud. Y quizá falta algún tema.

Pero con seguridad jamás pidió públicamente perdón por los abusos sexuales a niños. Ni se recuerda que alguno le haya nunca saltado encima para reclamarle por este silencio, ni menos que se le haya exigido que sumara a la lista la pedofilia.

PERDÓN DE AYER, PERDÓN DE HOY

Eso ocurría hace diez años. Pero ese era el espíritu del tiempo, dentro y fuera de la Iglesia. Un espíritu poco atento al escándalo de las muy jóvenes víctimas de abusos, no obstante ya habían explotado en Austria el caso Groer, el arzobispo de Viena golpeado por acusaciones jamás verificadas; en los Estados Unidos el caso Bernardin, arzobispo de Chicago falsamente acusado que perdonó a su acusador, y por todas partes el caso Maciel, el fundador de los Legionarios de Cristo, de quien se confirmó después la culpabilidad.

Pero en Roma había un cardenal que veía lejos hacia delante, de nombre Joseph Ratzinger. Más que a los pecados de los cristianos del pasado, sobre los cuales el juicio histórico es siempre problemático, él miraba a los pecados del presente. Y entre estos veía algunos que, más que otros, ensuciaban el rostro de la Iglesia "santa", más todavía en cuanto cometidos por clérigos.

En el 2001, como Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la fe, hizo más exigentes los procedimientos con los cuales afrontar los casos de pedofilia en el clero. Cuando en el 2002 en los Estados Unidos explotó el escándalo en proporciones clamorosas, mantuvo la línea de rigor.

El viernes santo del 2005, al escribir el texto del último Vía Crucis del pontificado de Juan Pablo II, denunció la "suciedad" en la Iglesia con los acentos de una lamentación profética.

Pocas semanas después fue elegido Papa y cinco años después, al cumplirse los 10 años del Jubileo del 2000, el escándalo de la pedofilia embistió a la Iglesia y a él con una severidad sin precedentes.

Pues bien, bajo la oleada avasallante de las acusaciones, Benedicto XVI ha hecho por las culpas de los cristianos de hoy, lo que el Jubileo del 2000 hizo por las culpas de los cristianos del pasado.

Ha predicado que la tribulación más grande de la Iglesia no nace de fuera, sino de los pecados cometidos dentro de ella. Ha puesto a la Iglesia en estado penitencial, ha pedido a todos los cristianos la purificación de la "memoria", ciertamente, pero más aún sus vidas presentes.

A los católicos de Irlanda, más que a los otros contagiados por el escándalo, les ha ordenado hacer limpieza de todo, que se confiesen frecuentemente, que hagan penitencia todos los viernes por un año entero, y a sus obispos y sacerdotes que se sometan a especiales ejercicios espirituales. A los sacerdotes, sobre todo, ha dedicado un cuidado muy particular. Aún antes de que las polémicas llegaran a su cima, Benedicto XVI lanzó el Año Sacerdotal para reavivar en los clérigos el amor por la misión a la que son convocados y la fidelidad a sus compromisos, incluida la castidad.

Como modelo de vida les ha presentado el ejemplo del santo Cura de Ars, un humilde sacerdote rural en la Francia anticlerical del siglo XIX, que pasaba días enteros en el confesionario, para acoger a los pecadores y perdonar. (Continuará)

miércoles, 30 de junio de 2010

¿QUÉ PASA EN BÉLGICA?


Lo que ha pasado en Bélgica no tiene nombre. ¿O sí lo tiene?... La Policía interviene en la reunión de la Conferencia Episcopal; durante 9 horas no deja que los obispos salgan del edificio; secuestra los celulares; perfora (profana) las tumbas de dos Cardenales, en la Catedral de Malinas (en la foto) y examina con minicámaras de televisión si acaso hubiera allí documentos acusatorios de pedofilia que los prelados trataban de ocultar… ¿Qué es todo esto, tan “danbrownesco”?

Benedicto XVI ha deplorado lo que ha sucedido, aunque ha reafirmado su voluntad de que la Justicia cumpla con su deber y aclare los abusos sexuales. Pero también ha pedido que se respete a las víctimas. Y es que las autoridades han secuestrado las denuncias de muchas víctimas que decidieron no acudir a la Policía sino a la comisión encargada de evaluar el problema, a condición de permanecer en el anonimato.
El presidente de esta Comisión sobre abusos sexuales, Peter Adriaenssens, ha dimitido porque considera que la justicia belga lo ha utilizado como anzuelo para engañar a las víctimas.

En el Corriere della Sera, Vittorio Messori ha escrito: “Habría que recordar cosas evidentes pero olvidadas por Bélgica, que se ufana se de uno de los países más secularizados, donde la marginación de los católicos crece cada día. El Estado nace en 1830, por la libre unión de valones y flamencos: hablaban idiomas distintos, tenían tradiciones e historias diversas, pero estaban unidos por un catolicismo sólido y fervoroso: lo que no soportaban era someterse al persecutorio calvinismo holandés. La unión duró hasta que el país se reconoció como católico: ahora, cuando se ha disuelto ese único pegamento, Bélgica es una ficción ingobernable. Quizás, operaciones semejantes (a la de la Policía contra los obispos), confirman la confusión de un Estado que, al menos en su “intelligenzia”, parece unido solamente por la aversión anti romana”.

lunes, 14 de junio de 2010

FIN DEL AÑO SACERDOTAL: ¿Y AHORA QUÉ HACEMOS?


Terminó el Año Sacerdotal. Quisiera solamente invitar a todos a “meterse” en la página de la Santa Sede para leer en ella, despacio, saboreando los textos, cuanto nos ha dicho Benedicto XVI. Anteayer, un sacerdote por cada uno de los cinco continentes le planteó una pregunta y el Papa se extendió maravillosamente en sus respuestas, que tienen validez universal, naturalmente. (Ahora mismo, el texto está sólo en italiano, pero en pocos días aparecerá también en castellano).

Terminó el Año Sacerdotal y, por así decir, empezó un tiempo nuevo caracterizado por “una tarea de purificación –decía el Papa en la Misa del Sagrado Corazón de Jesús- un quehacer que nos acompaña hacia el futuro y que nos hace reconocer y amar más aún el gran don de Dios” que es el sacerdocio. Por este camino iremos bien, seguro.

Confieso que, aun después de tantos años desde que recibí la ordenación, cuando oigo hablar de purificación, de reparación, de penitencia, de mortificación, de entrada siento un rechazo… Pero enseguida caigo en la cuenta de que es la “loca de la casa”, al decir de Teresa de Jesús, la que desfigura con sus locuras algo tan simple como lo que dijo el Ángel a los pequeños videntes de Fátima: “de todo se puede hacer un pequeño sacrificio para ofrecerlo a Dios”. Y entonces repito la experiencia que es así, a base de muchos pequeños “no” a lo que se me antoja y de otros muchos “sí” a lo que Él quiere, como conseguiremos la imprescindible purificación personal que embellecerá el rostro de nuestra Santa Madre Iglesia.

domingo, 23 de mayo de 2010

¿SI NO ES NOTICIA NO EXISTE?

El autor de esta carta es un misionero uruguayo que está en Angola. La escribió y la mandó al New York Times, aun con la seguridad de que no se la publicarían. Y se la envió también a su hermana, que sí la hizo circular... Creo que me ha llegado por 8 canales distintos...


Abril, 2010

Querido hermano y hermana periodista:

Soy un simple sacerdote católico. Me siento feliz y orgulloso de mi vocación. Hace veinte años que vivo en Angola como misionero.

Me da un gran dolor por el profundo mal que personas que deberían de ser señales del amor de Dios, sean un puñal en la vida de inocentes. No hay palabra que justifique tales actos. No hay duda que la Iglesia no puede estar sino del lado de los débiles, de los más indefensos. Por lo tanto, todas las medidas que sean tomadas para la protección y prevención de la dignidad de los niños serán siempre una prioridad absoluta.

Veo en muchos medios de información, sobre todo en vuestro periódico, la ampliación del tema en forma morbosa, investigando en detalles la vida de algún sacerdote pedófilo. Así aparece uno de una ciudad de USA, de la década del 70, otro en Australia de los años 80 y otros casos recientes… ¡Ciertamente todo condenable! Se ven algunas presentaciones periodísticas ponderadas y equilibradas, otras amplificadas, llenas de preconceptos y hasta odio.

¡Es curiosa la poca noticia y desinterés por miles y miles de sacerdotes que se consumen por millones de niños, por los adolescentes y los más desfavorecidos en los cuatro ángulos del mundo! Pienso que a vuestro medio de información no le interesa que yo haya tenido que transportar, por caminos minados en el año 2002, a muchos niños desnutridos desde Cangumbe a Lwena (Angola), pues ni el gobierno se disponía y las ONG’s no estaban autorizadas; que haya tenido que enterrar decenas de pequeños fallecidos entre los desplazados de guerra y los que han retornado; que le hayamos salvado la vida a miles de personas en Moxico mediante el único puesto médico en 90.000 km2, así como con la distribución de alimentos y semillas; que hayamos dado la oportunidad de educación en estos 10 años y escuelas a más de 110.000 niños... No es de interés que con otros sacerdotes hayamos tenido que socorrer la crisis humanitaria de cerca de 15.000 personas en los acuartelamientos de la guerrilla, después de su rendición, porque no llegaban los alimentos del Gobierno y la ONU. No es noticia que un sacerdote de 75 años, el P. Roberto, por las noches recorra la ciudad de Luanda curando a los chicos de la calle, llevándolos a una casa de acogida, para que se desintoxiquen de la gasolina, que alfabeticen cientos de presos; que otros sacerdotes, como P. Stefano, tengan casas de pasaje para los chicos que son golpeados, maltratados y hasta violentados y buscan un refugio. Tampoco que Fray Maiato con sus 80 años, pase casa por casa confortando los enfermos y desesperados. No es noticia que más de 60.000 de los 400.000 sacerdotes, y religiosos hayan dejado su tierra y su familia para servir a sus hermanos en una leprosería, en hospitales, campos de refugiados, orfanatos para niños acusados de hechiceros o huérfanos de padres que fallecieron con Sida, en escuelas para los más pobres, en centros de formación profesional, en centros de atención a sero positivos… o sobretodo, en parroquias y misiones dando motivaciones a la gente para vivir y amar.

No es noticia que mi amigo, el P. Marcos Aurelio, por salvar a unos jóvenes durante la guerra en Angola, los haya transportado de Kalulo a Dondo y volviendo a su misión haya sido ametrallado en el camino; que el hermano Francisco, con cinco señoras catequistas, por ir a ayudar a las áreas rurales más recónditas hayan muerto en un accidente en la calle; que decenas de misioneros en Angola hayan muerto por falta de socorro sanitario, por una simple malaria; que otros hayan saltado por los aires, a causa de una mina, visitando a su gente. En el cementerio de Kalulo están las tumbas de los primeros sacerdotes que llegaron a la región…Ninguno pasa los 40 años.

No es noticia acompañar la vida de un Sacerdote “normal” en su día a día, en sus dificultades y alegrías consumiendo sin ruido su vida a favor de la comunidad que sirve.

La verdad es que no procuramos ser noticia, sino simplemente llevar la Buena Noticia, esa noticia que sin ruido comenzó en la noche de Pascua. Hace más ruido un árbol que cae que un bosque que crece.

No pretendo hacer una apología de la Iglesia y de los sacerdotes. El sacerdote no es ni un héroe ni un neurótico. Es un simple hombre, que con su humanidad busca seguir a Jesús y servir sus hermanos. Hay miserias, pobrezas y fragilidades como en cada ser humano; y también belleza y bondad como en cada criatura…

Insistir en forma obsesionada y persecutoria en un tema perdiendo la visión de conjunto crea verdaderamente caricaturas ofensivas del sacerdocio católico en la cual me siento ofendido.

Sólo le pido, amigo periodista, busque la Verdad, el Bien y la Belleza. Eso lo hará noble en su profesión.

En Cristo,

P. Martín Lasarte sdb

(Angola – domboscolwena@hotmail.com)

domingo, 25 de abril de 2010

LAS AGUAS REVUELTAS


Como en los tiempos de Jesús, cuando la barca de los apóstoles se zarandeaba en el mar de Tiberíades, la "navicella" de la Iglesia (así la llamaba Catalina de Siena, una mujer de fuego que vivió hace siete siglos) está en el ojo de una gran tormenta. Pero con una diferencia que no es menor: más allá de algunos medios que aprovechan la ocasión para cebarse contra ella, los que han provocado este desconcierto son algunos que, debiendo guiarla en su andadura, parecen, con sus acciones, empeñados en hundir a la Iglesia.

El Cardenal Raztinger sabía mejor que nadie lo que decía, cuando en el Via Crucis del Coliseo, en 2005, al contemplar la IX Estación reflexionó:

¿Qué puede decirnos la tercera caída de Jesús bajo el peso de la cruz? Quizás nos hace pensar en la caída de los hombres, en que muchos se alejan de Cristo, en la tendencia a un secularismo sin Dios. Pero, ¿no deberíamos pensar también en lo que debe sufrir Cristo en su propia Iglesia? En cuántas veces se abusa del sacramento de su presencia, y en el vacío y maldad de corazón donde entra a menudo. ¡Cuántas veces celebramos sólo nosotros sin darnos cuenta de él! ¡Cuántas veces se deforma y se abusa de su Palabra! ¡Qué poca fe hay en muchas teorías, cuántas palabras vacías! ¡Cuánta suciedad en la Iglesia y entre los que, por su sacerdocio, deberían estar completamente entregados a él! ¡Cuánta soberbia, cuánta autosuficiencia! ¡Qué poco respetamos el sacramento de la Reconciliación, en el cual él nos espera para levantarnos de nuestras caídas! También esto está presente en su pasión. La traición de los discípulos, la recepción indigna de su Cuerpo y de su Sangre, es ciertamente el mayor dolor del Redentor, el que le traspasa el corazón. No nos queda más que gritarle desde lo profundo del alma: Kyrie, eleison – Señor, sálvanos (cf Mt 8,25).

Hace siete siglos, cuando la barca de la Iglesia se sacudía por la conducta de pastores indignos, Catalina de Siena gritaba: "Ay de mí no puedo callar. Gritemos con cien mil lenguas. Creo que, por callar, el mundo está corrompido, la esposa de Cristo ha empalidecido, ha perdido el color, porque le están chupando la propia sangre, es decir, la sangre de Cristo".

Lentamente, las aguas se calmaron. También ahora se calmarán: la Iglesia se reformará, decía Catalina, "con santos y buenos pastores, no con guerra, sino con paz y tranquilidad; con humildes y continuas oraciones, sudores y lagrimas de los siervos de Dios".

martes, 20 de abril de 2010

UN MANTO CELESTE COBIJA AL URUGUAY

Ayer pude ir al Verdún. Y, como siempre, encontré allí a “la Iglesia real uruguaya”, la que está formada por miles de mujeres y hombres sencillos, que no son noticia, que quieren a la Virgen, que rezan, que suben al cerro –descalzos muchos de ellos- donde se venera la imagen de la Inmaculada desde hace más de un siglo; que están bien al corriente de tantas cosas tristes como están pasando en la Iglesia y, no obstante, ni por un instante pensaron en dejar sola a la Madre en este día de fiesta patria, 19 de abril, en el que celebramos el comienzo del proceso histórico que nos llevaría a ser un país independiente.

Salí de mi casa a las 8 de la mañana, con serias dudas: la niebla otoñal ocultaba por completo el precioso paisaje minuano y el limpia parabrisas debió funcionar hasta el final del viaje, augurando lluvias fuertes. Pero no fue así: a las 10 comenzó la Misa campal en la falda del cerro y a la hora de las Lecturas el sol dominaba la pelea con el agua.

El obispo Wirz, Administrador apostólico de la diócesis, habló vibrantemente de la Inmaculada y recordó el quinto aniversario de la elección del Papa. La “Iglesia real”, como era de esperar, aplaudió con entusiasmo y vivó de igual manera a la Virgen y a Benedicto XVI.

El de ayer fue un día histórico: al terminar la Misa, Monseñor Collazzi, Presidente de la Conferencia Episcopal, leyó el decreto por el cual los obispos uruguayos declararon “Santuario Na

cional el templete y la capilla del Verdún. Después subí al cerro, hasta llegar a la imagen de la Inmaculada: le encomendé al Papa, a la Iglesia, a los sacerdotes; le pedí vocaciones sacerdotales. En el viaje de vuelta –sol radiante- entendí la parábola: niebla, temor, esperanza, luz… La Iglesia

y la Virgen, la Madre y sus hijos. Un manto de amor celeste cobija a la Iglesia en el Uruguay.

lunes, 5 de abril de 2010

LAS AGUAS ESTÁN REVUELTAS


En el Musée d’Orsay, en París, se encuentra este óleo de Aime Perret, pintado con realismo en 1879, titulado “Le Saint Viatique en Bourgogne”. Pienso que, en estos momentos, hace bien contemplarlo. Como también leer estas palabras del Cardenal John Henry Newman (1801-1890), que las pasó negras por la Iglesia y recordar aun lo que dijo San Juan Crisóstomo (347-407), otro grande de nuestra historia que también tuvo que navegar en aguas turbulentas.

“Si examinamos toda la historia del cristianismo, desde sus comienzos vemos que en realidad no es sino una serie de preocupaciones y de desórdenes. Cada siglo se parece en estos a los demás, aunque a los que viven en él les parece peor que todos los que lo precedieron. La Iglesia es siempre doliente y perdura en su debilidad, llevando siempre en su cuerpo el estado de muerte que llevó Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestro cuerpo. La religión parece siempre a punto de expirar, mientras dominan los cismas. La causa de Cristo está siempre en la última agonía, como si sólo fuera cuestión de tiempo el que desaparezca un día u otro…” (Vía Media, vol. I, 354s).

“No te apartes de la Iglesia, porque nada hay más fuerte que la Iglesia. Tu esperanza, la Iglesia; tu salvación, la Iglesia; tu refugio, la Iglesia. Ella es más alta que el cielo y más ancha que la tierra. Nunca envejece, sino que siempre está llena de vida” (Hom. De capt. Eutropio, 6).

viernes, 26 de marzo de 2010

VIERNES DE PASIÓN

“El escándalo es el catolicismo, ¡estúpido!”. Con este título comenta las noticias de estos días el ateo norteamericano Michael Wolff. Tiene razón. El problema de fondo no son tanto los casos de pedofilia –horribles- sino el escándalo que provoca la Iglesia misma, con el Papa a la cabeza, que no pocos desean, inútilmente, que desaparezca.
El New York Times es el mayor, el más influyente de los medios laicistas y anticatólicos. ¿Cómo extrañarse de que ahora salga con un nuevo caso (de hace más de 20 años), pretendiendo con él embarrar al Papa?
Leí primero la Declaración del portavoz vaticano, P. Lombardi, acerca del caso del P. Murphy. Después fui al Corriere della Sera, que destaca con grandes caracteres el escándalo, y ofrece el link a los documentos (¡82!) del NYT. Cuando terminé de leer algunos de ellos (tedio feroz), me preguntaba: ¿de dónde sacó el NYT todo esto? Entonces fui a Sandro Magister, vaticanista serio, y encontré la mano peluda.
Primero el caso, ciertamente trágico y grave. El P. Lawrence C. Murphy, sacerdote de la diócesis de Milwaukee, trabajó de 1950 a 1977 en una escuela para chicos sordos y sordomudos y abusó de 29 de ellos, incluso durante la Confesión.
En los años 70 algunas víctimas denunciaron al autor a las autoridades civiles, pero las acusaciones no prosperaron por falta de pruebas. Ninguno dijo nada a la Congregación para la Doctrina de la Fe. En julio de 1996, el arzobispo de Milwaukee, el benedictino Rembert G. Weakland, le escribió al Cardenal Ratzinger sobre el caso. En marzo de 1997, el entonces secretario de la CDF, Mons. Tarcisio Bertone, le dio instrucciones al obispo para que iniciara un proceso canónico. Pero el acusado, el P. Murphy, en enero de 1998 le escribió directamente al Cardenal Ratzinger diciéndole que estaba arrepentido de lo que había hecho, que se encontraba gravemente enfermo y quería vivir, el poco tiempo que le quedaba, como sacerdote.
En consideración de sus precarias condiciones de salud y por el hecho de su arrepentimiento y, sobre todo, porque nada se había señalado en su contra en los últimos veinte años, las instrucciones de Roma, después de un encuentro con los obispos involucrados, fueron sugerir que el P. Murphy fuese aislado y restringido en sus facultades de ejercitar el ministerio sacerdotal. Cuatro meses después, el P. Murphy falleció.
En el Comunicado de prensa del P. Lombardi hay más detalles sobre el caso, pero volviendo al principio: ¿quién ha tenido interés en sacar todo esto a la luz?
Ex arzobispo Rembert Weakland
Dice Sandro Magister: “En el artículo del NYT, quien echa las culpas a las autoridades vaticanas es sobre todo el ex arzobispo de Milwaukee, Rembert Weakland. Hay que recordar que Weakland no es más arzobispo de Milwaukee desde 2002, cuando fue dimitido después de que un ex estudiante de Teología lo acusara de violencia carnal, rompiendo el secreto que el mismo Weakland le había impuesto a cambio de 450.000 dólares, sustraídos de la caja de la arquidiócesis. Cuando en el 2002 el escándalo salió a la luz, la prensa “liberal” no condenó a Weakland. Más aún, lo trató con mucha consideración, como convenía a un celebrado campeón de la Iglesia progresista. Weakland era un decidido defensor de la admisión de la mujer al sacerdocio. En el terreno de la moral sexual estaba muy lejos del rigor de Juan Pablo II, pero cuando en Estados Unidos estalló el escándalo de las violencias sexuales cometidas por sacerdotes, se declaró partidario de la línea más intransigente, la tolerancia cero”.

Hoy es Viernes de Pasión. Recuerdo el
Via Crucis del Cardenal Ratzinger, del Viernes Santo de 2005. En la IX Estación escribió: " ¿no deberíamos pensar en lo que debe sufrir Cristo en su propia Iglesia? (...) ¡Cuánta suciedad en la Iglesia y entre los que, por su sacerdocio, deberían estar completamente entregados a él! ¡Cuánta soberbia, cuánta autosuficiencia! ¡Qué poco respetamos el sacramento de la Reconciliación, en el cual él nos espera para levantarnos de nuestras caídas! También esto está presente en su pasión. La traición de los discípulos, la recepción indigna de su Cuerpo y de su Sangre, es ciertamente el mayor dolor del Redentor, el que le traspasa el corazón. No nos queda más que gritarle desde lo profundo del alma: Kyrie, eleison – Señor, sálvanos (cf Mt 8,25)".

Empieza la Semana Santa. Sugiero meditar a fondo el Via Crucis, dejando hablar al corazón.

martes, 23 de marzo de 2010

¿QUIÉN LE TIRA A IRLANDA LA PRIMERA PIEDRA?


La Carta del Papa a los católicos de Irlanda ha sido escrita con sangre y lágrimas. En mis 36 años largos de sacerdocio, nunca había leído conceptos tan desgarradores como los de Benedicto XVI, expresando su dolor por lo sucedido en una parte de la Iglesia Católica. El Papa se manifiesta “profundamente consternado” y comparte “la desazón y el sentimiento de traición” por “los actos pecaminosos y criminales” cometidos por algunos clérigos y por “el modo en que fueron afrontados por las autoridades de la Iglesia en Irlanda”.

Dice a las víctimas de los abusos: “vuestra confianza ha sido traicionada y violada vuestra dignidad” y por eso expresa “abiertamente la vergüenza y el remordimiento que sentimos todos”. A quienes cometieron esos actos les advierte severamente: “Habéis traicionado la confianza depositada en vosotros por jóvenes inocentes y por sus padres. Debéis responder de ello ante Dios Todopoderoso y ante los tribunales debidamente constituidos. Habéis perdido la estima de la gente de Irlanda y arrojado vergüenza y deshonor sobre vuestros semejantes”.

Con la misma claridad y dolor se dirige a los obispos: “algunos de vosotros y de vuestros predecesores han fracasado, a veces lamentablemente, a la hora de aplicar las normas, codificadas desde hace largo tiempo, del derecho canónico sobre los delitos de abusos de niños. Se han cometido graves errores en la respuesta a las acusaciones”.

La Carta de Benedicto XVI debe leerse completa, de cabo a rabo, y debe ser meditada en profundidad y en nombre propio: en una primera aproximación porque, como dice con razón el refrán, “cuando las barbas de tu vecino veas cortar…”

¿Por qué en Irlanda pasó lo que pasó? Dice Benedicto XVI: “las prácticas sacramentales y devocionales que sustentan la fe y la hacen crecer, como la confesión frecuente, la oración diaria y los retiros anuales se dejaron, con frecuencia, de lado”. También se refiere a “los procedimientos inadecuados para determinar la idoneidad de los candidatos al sacerdocio y a la vida religiosa, la insuficiente formación humana, moral, intelectual y espiritual en los seminarios y noviciados”.

Tampoco son exclusivos para la Iglesia que está en Irlanda, los remedios que propone para superar la crisis: “os animo a redescubrir el sacramento de la Reconciliación y a utilizar con más frecuencia el poder transformador de su gracia. Hay que prestar también especial atención a la adoración eucarística, y en cada diócesis debe haber iglesias o capillas específicamente dedicadas a ello”.

Benedicto XVI pide a los obispos: “En particular, preocupaos por la vida espiritual y moral de cada uno de vuestros sacerdotes. Servidles de ejemplo con vuestra propia vida, estad cerca de ellos, escuchad sus preocupaciones, ofrecedles aliento en este momento de dificultad y alimentad la llama de su amor por Cristo y su compromiso al servicio de sus hermanos y hermanas”. Con palabras de San Agustín, les recuerda que, para los fieles, “sois un obispo, y sin embargo, con ellos estáis llamados a ser un discípulo de Cristo”. Y es el Papa, en primer lugar, quien así se considera: conmueve leer el final de la Carta, cuando se despide de los irlandeses “con la atención que un padre presta a sus hijos y el afecto de un cristiano como vosotros, escandalizado y herido por lo que ha ocurrido en nuestra querida Iglesia”.

La Carta a los irlandeses, escrita con sangre y lágrimas, es una invitación implícita a hacer el propio examen de conciencia en cada Iglesia. El Papa la firmó el 19 de marzo. Dos días más tarde, quinto Domingo de Cuaresma, leímos el episodio de la mujer adúltera y las palabras ejemplares y estremecedoras de Jesús: “Quien no tenga pecado, tírele la primera piedra”.

martes, 23 de febrero de 2010

DE PADRINO A AHIJADO, IDA Y VUELTA



Hoy, después de una espera ciertamente larga, fue anunciado que el Papa Benedicto XVI nombró al P. Alberto Sanguinetti Montero, nuevo obispo de Canelones. Supongo que no ha sido fácil encontrar al Pastor que reuniera las condiciones para guiar la segunda mayor diócesis del Uruguay.
En efecto, entre los 19 departamentos que forman nuestro país, Canelones ocupa el lugar 18 en cuanto a superficie, pero su población es la más numerosa después de Montevideo: más de medio millón de habitantes repartidos de una forma singular.
Canelones es, por una parte, un centro agrícola de cereales, viñas, hortalizas y frutales. Tiene también un cinturón industrial, formado por ciudades satélites de Montevideo, como Las Piedras y La Paz. Hacia el Este, descansando sobre las playas cada vez más pobladas, se extienden la Ciudad de la Costa, compuesta por numerosos suburbios residenciales (entre otros, Shangrilá, Lagomar, Solymar, El Pinar) y la Costa de Oro, que comprende balnearios de veraneo como Atlántida, Las Toscas, Parque del Plata, La Floresta y muchos más.
La atención pastoral de Canelones está repartida entre 38 parroquias de características muy diferentes, cada una de ellas con varias capillas. En la diócesis trabajan, a su vez, comunidades religiosas dedicadas a la enseñanza y a otras tareas, y en ella florecen cuatro monasterios de clausura.
El caso es que el Papa ha decidido confiarle al P. Sanguinetti el cuidado de esta Iglesia “canaria”, cuya población está en permanente crecimiento, y que tendrá sus propias y seguramente no pequeñas dificultades.
Decía que, por el tiempo transcurrido desde que monseñor Orlando Romero, su actual obispo, presentó la renuncia al cargo hasta hoy, parecería que no ha sido fácil encontrar a su sucesor. Pero la larga espera ha hecho que, finalmente, la elección constituya un motivo de especial alegría.
Conozco al P. Sanguinetti desde hace más de 35 años. Siempre he admirado su rara capacidad para desarrollar una intensa tarea docente e investigadora en el campo de la Teología, donde tiene nombre propio, y atender al mismo tiempo serias responsabilidades pastorales como párroco. Asimismo, he disfrutado sus apreciaciones sobre la historia, la música y un sinfín de temas y, sobre todo, acerca de la belleza de la liturgia y de la arquitectura sagrada… y las he visto plasmadas en las reformas de los presbiterios de las parroquias en que ha estado y en la iglesia de Santa Rita, que construyó desde su arranque.
En otras palabras, me consta que el recién nombrado obispo de Canelones tiene un acervo de experiencias y conocimientos, intelectuales y prácticos, que enriquecerán al colegio episcopal de la Iglesia que está en Uruguay.
No obstante, a la hora de encuadrar su elección como obispo, hay que destacar singularmente una circunstancia. Hace once años, la Conferencia Episcopal Uruguaya le confió al P. Sanguinetti una tarea tan importante como compleja: la causa de beatificación de monseñor Jacinto Vera. Lo cual le ha significado sacar de donde no había (es decir, con real sacrificio) muchísimas horas para dedicarlas a investigar y redactar la biografía de nuestro primer santo obispo, según los exigentes requisitos de la Congregación para las Causas de los Santos. Más de una década de perseverante empeño ha dado un fruto extraordinario: 1.600 páginas, en tres volúmenes, que contienen, relatada con rigor histórico, la vida completa del fundador de la Iglesia uruguaya.
Para el recién nombrado obispo de Canelones, el trabajo realizado le ha supuesto una ganancia de altísimo valor: es obvio que conoce mejor que nadie la vida de monseñor Jacinto Vera y su obra, consecuencia de su amor a Dios y a la Iglesia. Y viceversa: en su día, monseñor Vera le deberá en gran medida al P. Sanguinetti el honor de los altares… En suma, creo que es bien legítimo pensar ahora en una relación padrino-ahijado entre quien fue párroco, precisamente, de Canelones, y quien estará al frente de esa diócesis. La Iglesia es Comunión de los Santos. En el tuteo familiar con que a ellos los tratamos, la relación entre los dos podría traducirse así: - Jacinto… - ¿Qué le pasa, m’hijo? - ¿Tú que harías en mi lugar?... Y vendrá el soplo desde el Cielo, sin ninguna duda.

jueves, 18 de febrero de 2010

LOS OBISPOS DE IRLANDA CON EL PAPA


Por la gravedad del tema, hay un revuelo informativo inusual sobre la reunión que ha mantenido el Papa con los obispos irlandeses. En La Iglesia en la prensa, blog que recomiendo, encuentro esta acertada valoración del hecho.

Me han llamado la atención varios aspectos de la reunión que el Papa mantuvo en Roma, el 15 y 16 de febrero, con los obispos de Irlanda para tratar de la dolorosa cuestión del abuso de menores cometido por algunos sacerdotes en los pasados decenios. Los sintetizo en estos tres: 1) la radicalidad con la que el Papa ha abordado el tema: no hay paños calientes ni consideraciones que puedan llevar a ocultar el dato objetivo de que se trata de crímenes; 2) el sentido de responsabilidad de los obispos irlandeses, que se asumen la culpa del fracaso para atajar eficazmente esos abusos (aunque en muchos casos, se trate de episodios lejanos en el tiempo); 3) la abundante cobertura informativa que se ha ofrecido de la reunión y la plena apertura a colaborar con la justicia civil.

Entre los numerosas crónicas y artículos publicados, me ha interesado lo que dice hoy Filippo di Giacomo en L'Unità, antiguo órgano del Partido Comunista Italiano. Se refiere a los prejuicios con que a veces se ha abordado el tema Iglesia y pedofilia, como si la culpa de los crímenes la tuviera el celibato. “En realidad, afirma, fuentes no confesionales fijan en el 0,3 por ciento el porcentaje de infamia para el clero católico, una cifra mucho más baja de la que afecta a otras categorías profesionales y a los ministros de otras religiones, los cuales al no ser católicos y al trabajar en tierras anglosajonas acaban -con toda justicia- ante los tribunales, pero son ignorados por la prensa, incluida la prensa católica”.

El veterano periodista Luigi Accattoli comentaba ayer en Liberal el dato positivo de que la Iglesia estuviera reaccionando, y enumeraba los pasos llevados a cabo por Benedicto XVI en estos casi cinco años de Pontificado. Anota Accattoli que ante el desolador panorama moral, la única institución que hace autocrítica es la Iglesia católica. Sin quitar nada a la gravedad de los casos, es significativo que “nuestra sociedad civil y política parece no advertir la corrupción omnipresente, el tráfico indecente y el prostíbulo que la están arrasando”.

Pienso que este episodio es una buena muestra práctica de una de las funciones del papado en la Iglesia, para aquellos que defienden a ultranza “la autonomía local frente a Roma”: si no hubiera sido por la reacción del Papa, la situación "local" estaría cada vez más empantanada, hubieran sido incapaces de salir del hoyo...

(Aquí se encuentra el Comunicado de Prensa sobre la reunión de Benedicto XVI con los obispos de Irlanda).

lunes, 6 de abril de 2009

LOS QUE SE FUERON



Quizás una de las mayores preocupaciones que tenemos es el éxodo de tantos católicos hacia otras religiones… y hacia la nada. Y seguramente nos estrujamos el cerebro pensando cómo conseguir que vuelvan a la Iglesia.
En Estados Unidos, la diócesis de Phoenix ha puesto manos a la obra y, en muy poco tiempo, ha conseguido que varios miles de fieles regresaran a casa. Vale la pena conocer la iniciativa Católicos regresen (pinchar ahí).


En el sitio se recogen una excelente presentación de lo que es la Iglesia Católica, preparada para TV, y algunos testimonios de personas que volvieron a casa. Se encuentran también respuestas a las preguntas más frecuentes que se hacen quienes, habiendo abandonado la Iglesia, desearían volver a ella.
Es verdad que el entorno cultural de los católicos USA es un poco diferente del nuestro, pero lo que han hecho allá puede inspirar distintas iniciativas de los que estamos acá. Creo que estamos de acuerdo en que... ¡es urgente conseguir que vuelvan a casa los que se fueron!

jueves, 19 de marzo de 2009

ESO DE SER OBISPO...

Ayer celebró sus bodas de plata episcopales el Obispo de Salto, mons. Pablo Galimberti. Almuerzo con sus sacerdotes al mediodía, Misa Solemne por la tarde en la Catedral, llena de fieles, parientes y amigos: cariño, gratitud, aplausos... No obstante, me venía implacable el recuerdo de una confidencia que me hizo, hace un montón de años, mons. Miguel Balaguer (q.e.p.d), cuando ya era Obispo emérito de Tacuarembó. Cumplidos sus 75 años había presentado la renuncia y, como pasaban los meses y no llegaba la esperada sucesión, con ocasión de la visita "ad limina" se quejó al Santo Padre Pablo VI... El Papa lo escuchó con atención y le respondió: "Monsignore, tutti dobbiamo portare la nostra Croce!...". Me comentó entonces mons. Balaguer: - Padre, ¡es muy duro ser obispo!
Mons. Roberto Cáceres, que asistió a la celebración de ayer, parecía desmentirlo. Se autocalificaba, con razón, como "el más emérito de todos los obispos uruguayos": 88 años y 47 de obispo... Le pregunté cómo ocupaba el tiempo... Me dijo con sencillez:

- Durante la semana estoy en Treinta y Tres y celebro la Misa en las Doroteas. Los sábados voy a Melo y el domingo tengo una audición en Radio María, de 8 a 9. Después celebro Misa en San Antonio o en Betania. A las 10.45 está la audición Enfoques, en La Voz de Melo. A las 12.30, vuelvo a Treinta y Tres, y a las 17.00 celebro Misa en el barrio Veinticinco. A las 20.30 es la audición en Radio Patria, hasta las 21.00. ¡Ah!, los martes tengo otra audición en "Campo Abierto". Bueno, es eso; mientras pueda ser útil estoy ¡tan contento!...

Yo no dije nada, pa'qué.