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jueves, 4 de febrero de 2010

CONVERSACIÓN EN LA PELUQUERÍA

El lunes pasado fui a la peluquería. Voy cada dos meses y algo, tiempo suficiente para darle un poquito de trabajo al peluquero. El caso es que, encontrándome a diez minutos de Las Piedras, fui sin más trámites a la primera peluquería que encontré en esa ciudad-dormitorio, la más grande del Uruguay.

No había nadie en la peluquería, además del peluquero, un muchacho de 28 años. Me senté en un sillón viejo como el de la foto y, con la ilusión de un converso, el peluquero me contó su historia.

Yo estaba en la droga, sabe… Y un día fui a la casa del hombre que me la daba y… no podrá creer: lo encontré escuchando la radio y llorando… ¡cómo lloraba! Es que le estaba llegando la Palabra, ¿sabe? Entonces yo también me puse a escuchar. El Pastor decía que Jesucristo nos quiso tanto que murió por nosotros, por nuestros pecados, que Jesucristo es el único que puede salvarnos, que él quiere que le abramos el corazón… Bueno, usted ya sabe, ¿verdad?

Al ver así a mi amigo, llorando de la emoción por lo que oía, yo empecé a seguir ese programa de radio y un domingo fui al templo evangélico, y al domingo siguiente volví: es que me hacía bien lo que decían, me llegaba la Palabra… La verdad es que yo lo que quería era dejar la droga, y que mi esposa también la dejara… Andábamos horrible los dos, nos llevábamos muy mal. El caso de ella era más difícil, porque estaba en la cocaína, ¿me entiende? Yo la animaba para que me acompañara al templo, pero ella no quería saber de nada. ¡Qué cabeza dura! Porque fíjese que, de a poco, ¡yo estaba consiguiendo dejar la droga! Pero ella no aflojaba…

Hasta que un día, por fin, se decidió y me acompañó. Llegó llorando de puro desesperada, y salió… ¡llorando por la paz que tenía! ¡Le había llegado la Palabra! Usted sabe que dejó la droga de la noche a la mañana... ¡Qué felicidad, qué liberación! Yo, qué quiere que le diga… Al que dice que Dios no existe, que Jesucristo no existe, yo le tengo lástima; de entrada me da lástima, pero después lo ayudo a que conozca a Jesús, que se le acerque, que se abra a Él. Y acá, en la peluquería, fíjese que está al lado de un bar… Aquí vienen borrachos… Bueno, yo trato de darles ejemplo: les hablo bien, sin usar palabras que no corresponden… Yo sé que se dan cuenta de que soy diferente, que conmigo esas cosas no funcionan, ¿vio?

Ahora mi esposa y yo estamos bárbaro, tenemos dos hijos, nos queremos, tenemos trabajo, rezamos juntos... ¿se puede pedir más?


domingo, 31 de enero de 2010

BURKA SÍ, BURKA NO... Y BASTANTE MÁS



La semana pasada, según informa eurotopics, una comisión del parlamento francés sugirió que se prohíba el velo integral –la burka- que usan algunas mujeres musulmanas. El influyente diario alemán Frankfurter Allgemeine Zeitung opinó: “Se les ha dejado claro (a los 6 millones de franceses de origen musulmán) que Francia no está dispuesta a doblegarse ante la presión de un Islam militante, ni a relativizar la igualdad de derechos de hombre y mujer en nombre del Islam. El presidente Sarkozy se inscribe de manera inesperada en una tradición laicista con la que la República Francesa se ha a asegurado a sí misma una y otra vez. La prohibición de marzo de 2004 de llevar 'signos religiosos visibles' en las aulas, que se discutió acaloradamente en aquel entonces, se ha visto acreditada en retrospectiva. ... En pleno debate sobre la identidad nacional, Sarkozy ha formulado lo que Francia espera de los ciudadanos musulmanes: más discreción, menos provocación."
En esta parte del mundo, las relaciones con los musulmanes nos afecta muy poco o nada, desde el momento en que son absoluta minoría quienes practican esa creencia. No obstante, sí nos atañe si se encuadra en el tema más vasto del papel de las religiones en la sociedad y sus relaciones con el Estado.
Acabo de terminar de leer un libro que ilumina con extraordinaria claridad el problema. Se trata de la última obra del profesor Martin Rhonheimer, CRISTIANISMO Y LAICIDAD, editada por Rialp, que lleva este sugerente subtítulo: Historia y actualidad de una relación compleja.
En efecto, el recorrido histórico que hace en la primera parte del libro, mostrando la evolución doctrinal de la Iglesia Católica sobre su relación con el poder político, muestra a las claras que se trata de una cuestión complicada: con razón titula las conclusiones de su estudio, “Coexistencia e inevitable tensión entre Estado laico y cristianismo”.
Recomiendo la obra de Rhonheimer porque, más allá del problema musulmán, es una clarificación histórica sobre los aciertos y desaciertos de la Iglesia en su relación con el Estado y un aporte decisivo para que, en el presente, esa relación, aunque necesariamente tensa, redunde en beneficio de las personas que forman nuestras sociedades democráticas.

jueves, 14 de enero de 2010

SI DIOS LO QUIERE ASÍ

La verdad es que no puedo acostumbrarme a esa maravilla que en nuestra fe católica llamamos la Comunión de los Santos. Lo digo porque el sábado 9, a la una del mediodía, como estaba previsto, celebré en Tres Cantos la Misa por el alma de mi padre y de mi hermano Carlos, y después fuimos a almorzar en la casa de mi hermana Betty, y después ella desenfundó la guitarra y, reviviendo antiguos tiempos, cantamos folklore argentino, uruguayo y mexicano, y resucitamos canciones que nos llevaron a los años de la adolescencia.
La Comunión de los Santos no es una realidad "virtual", por así decir, sino una experiencia de fe que, en ocasiones como la del sábado, se manifiesta en paz y en serena alegría. En otra época, el luto por un difunto era de negro riguroso y duraba meses, más en el caso de las mujeres que en el de los hombres. Y no se podía cantar... Costumbres que han cambiado. Pero lo esencial -la esperanza cierta de que mi padre y mi hermano gozarán de la visión de Dios- no puede cambiar: entre los que se han ido y los que seguimos en la brecha hay un real intercambio de ayudas mutuas que, el sábado, se desbordó en canciones.
Pero aún hay más. A la 1.10 de la madrugada del domingo dejé España con dos grados bajo cero y, doce horas más tarde, Montevideo me recibió con un abrazo más que caluroso: 35 grados. Esto es lo de menos. Lo importante ocurrió a las ocho de la tarde, cuando me llamó por teléfono mi prima Elena para darme la noticia de que acababa de fallecer Lidia, hermana de mi madre que tenía 83 años y llevaba seis meses enferma. Me quedé desconcertado: mi padre, mi hermano, mi tía... o, mejor, poniéndome en el lugar de mi madre: su esposo, su hijo y su hermana se marcharon de este mundo en menos de tres semanas.
Esperé al lunes para llamar a mi madre. Le recordé que "Tete" (apodo de Lidia) iba siempre a Misa a San Juan Bautista, y que ese domingo habíamos celebrado el Bautismo del Señor, y que ella también se había ido al Cielo... Hubo un momento de silencio del otro lado, y enseguida su voz, con mucha paz: -¡Qué cosas misteriosas están ocurriendo en nuestra familia!, ¿verdad? Bueno, si Dios lo quiere así...
Cuando terminamos de hablar abrí el correo y me encontré con la foto que les ofrezco: una amiga argentina de mi hermana Marga me la mandó de regalo, explicándome que son las manos de su madre. Creo que ellas solas explican con exactitud la Comunión de los Santos.

jueves, 7 de enero de 2010

CON FUERZAS DE ARRIBA

Ermita Na. Señora de los Remedios
Son las 11 de la mañana en Madrid. Desde temprano está cayendo aguanieve y el termómetro no pasa de 5 grados.
Ayer, gran fiesta de la Epifanía, fui con mis hermanas (Marga, Betty y María Jesús), a la ermita de Nuestra Señora de los Remedios, en Colmenar Viejo, a esparcir las cenizas de mi hermano Carlos Manuel, que falleció el domingo pasado, 3 de enero. Pocos días antes, el 26 de diciembre, en los pinares que rodean la ermita y a los pies de una imagen en piedra del Sagrado Corazón, habían sido esparcidas las cenizas de mi padre, fallecido cuatro días antes.
Humanamente hablando, podría decirse que empezamos mal el 2010. Con ojos de fe, que son los buenos (aunque la pena no te la saca nadie), debo darle gracias a Dios y a la Virgen que me permitieron llegar a tiempo de consolar a mi hermano con la Unción de los enfermos y con algunos momentos de conversación. Ahora estará meta hablar y hablar con mi padre en el Cielo. Así lo espero y agradezco de corazón una oración por los dos: que se unan a la Misa de funerales que celebraré por ellos el próximo sábado, 9 de enero, a la una del medodía, en la parroquia de Santa María, Madre de Dios, de Tres Cantos, donde vivía mi padre. Y una oración también por mi madre, que a los 94 años está asombrosamente serena en su dolor: desde allá recibe las fuerzas.

jueves, 31 de diciembre de 2009

AÑO NUEVO, SERENIDAD


Antes de que termine este año, un deseo de bendiciones a granel en el que nos espera como una agenda sin estrenar: que la Santísima Virgen nos ayude a escribir cada día con buena letra.

A la derecha de estas líneas se encuentra ese reloj que marca las horas, los minutos, los segundos y aún más, y que lleva por título HORAS NON NUMERO, NISI SERENAS. Echando la vista atrás, al año que se nos va, compruebo que éste se ha ido más rápidamente que el anterior y estoy casi seguro que del precedente dije lo mismo. Es obvio que el 2010 será un relámpago. Pero, en todo caso, lo importante es vivir con el pensamiento en el final: es, en definitiva, lo que da serenidad a las horas.

Mi padre, que se me fue al Cielo para siempre, ha provocado una avalancha de e mails, de SMS, de llamadas telefónicas que agradezco de corazón a todos. Él, que siempre trabajó mucho y tuvo bastantes disgustos, era un hombre sereno: sabía de dónde venía, adónde iba y cuál era el camino.

Ahora escribo desde el medio del campo, aprovechando una conexión a Internet bastante imprecisa (me tomaré obligadas vacaciones de este blog). Esta mañana celebré la última de un novenario de Misas por el alma de mi padre. Y me sorprendió, justo al terminarla, que levantara vuelo -¿dónde estabas?- una preciosa y grande mariposa negra. Recordé enseguida que mis hermanas cantaban una canción que se titula así, "Mariposa Negra", que a mi padre le gustaba especialmente. Me dio aún mayor serenidad, qué quieren que les diga.