Hoy estoy con el pensamiento en Lourdes, donde en setiembre de 2008 disfruté, en persona, de unos días inolvidables. Antes conocía ese bendito lugar sólo por fotos; desde que estuve allí, en la Gruta en la que se apareció la Virgen a Bernadette Soubirous, recordarlo es motivo para renovar la decisión de poner más empeño en llevar a la práctica lo que la Inmaculada Conceción pidió a la muchacha: que recemos el Santo Rosario: se sobreentiende, que lo recemos con devoción.Uruguay necesita sacerdotes, formados a la medida del Corazón de Jesús. Sacerdotes entregados, piadosos, ilustrados, optimistas; sacerdotes formados según el modelo de nuestro primer santo obispo, monseñor Jacinto Vera. En nuestras manos está el alma del Uruguay que queremos.
jueves, 11 de febrero de 2010
LAS MUJERES, CENTINELAS
Hoy estoy con el pensamiento en Lourdes, donde en setiembre de 2008 disfruté, en persona, de unos días inolvidables. Antes conocía ese bendito lugar sólo por fotos; desde que estuve allí, en la Gruta en la que se apareció la Virgen a Bernadette Soubirous, recordarlo es motivo para renovar la decisión de poner más empeño en llevar a la práctica lo que la Inmaculada Conceción pidió a la muchacha: que recemos el Santo Rosario: se sobreentiende, que lo recemos con devoción.jueves, 4 de febrero de 2010
CONVERSACIÓN EN LA PELUQUERÍA
El lunes pasado fui a la peluquería. Voy cada dos meses y algo, tiempo suficiente para darle un poquito de trabajo al peluquero. El caso es que, encontrándome a diez minutos de Las Piedras, fui sin más trámites a la primera peluquería que encontré en esa ciudad-dormitorio, la más grande del Uruguay. No había nadie en la peluquería, además del peluquero, un muchacho de 28 años. Me senté en un sillón viejo como el de la foto y, con la ilusión de un converso, el peluquero me contó su historia.
Yo estaba en la droga, sabe… Y un día fui a la casa del hombre que me la daba y… no podrá creer: lo encontré escuchando la radio y llorando… ¡cómo lloraba! Es que le estaba llegando
Al ver así a mi amigo, llorando de la emoción por lo que oía, yo empecé a seguir ese programa de radio y un domingo fui al templo evangélico, y al domingo siguiente volví: es que me hacía bien lo que decían, me llegaba
Hasta que un día, por fin, se decidió y me acompañó. Llegó llorando de puro desesperada, y salió… ¡llorando por la paz que tenía! ¡Le había llegado
Ahora mi esposa y yo estamos bárbaro, tenemos dos hijos, nos queremos, tenemos trabajo, rezamos juntos... ¿se puede pedir más?